martes, 7 de junio de 2022

EL ESPEJO.

 EL ESPEJO.




En la Comunidad de La Tablazón, vivía hace ya muchos años Doña Abigail, ella tenía un cuarto en el que no permitía que nadie entrara, ni siquiera sus hijos, ellos eran muy curiosos y siempre habían querido entrar para ver que escondía su madre.

En el mes de octubre del año 1971, durante una noche lluviosa, Karla, una de las 6 hijas de doña Abigail, la escuchó quejarse. Karla, decidió levantarse para averiguar que le pasaba a su mamá, caminó por el pasillo y al pasar por el cuarto donde ninguno de ellos había podido entrar, sintió que su piel se erizó o a como decimos popularmente, se le puso piel de gallina, con mucho miedo, continuó hacia el cuarto de su madre, abrió la puerta, se acercó hacia ella, ya en el cuarto, vio como una tenue luz proveniente de una candela cubría el rostro adolorido de Doña Abigail, Karla escuchó diciendo cosas extrañas a su madre, (maldito espejo, decía, como no he podido deshacerme de ti); Karla, aún con miedo decidió despertarla y se percató que su madre estaba con fiebre, temblaba y un sudor con olor a azufre corría por todo su rostro, su aspecto demacrado presagiaba una gran tragedia y la naturaleza, con la tormenta que caía, daba fe a lo que estaba por ocurrir.

Karla le dio un poco de agua a su madre y le ofreció llevarla al centro de salud, doña Abigail, como toda anciana de la época le recriminó, quieres que muera fuera de la casa chavala, ahí, solo a morir va uno, le dijo, ésta conversación hizo despertar a los demás hijos de doña Abigail, todos ellos se dirigieron al cuarto de su madre para acompañarla, ya dentro del cuarto, César el menor los tres varones, vio la llave del cuarto prohibido sobre la mesa de noche que tenía su madre, fingió tropezar y de forma sigilosa cogió la llave, de manera disimulada salió para aprovechar el momento y poder entrar al cuarto prohibido, en su mente César pensó: es ahora o nunca, y con miedo introdujo la llave en la cerradura e impulsado por la curiosidad decidió entrar, ya adentro, no notó nada extraño salvo un espejo tapado completamente por una sábana negra, la curiosidad lo impulsó hacia donde estaba el espejo, con las manos temblorosas cogió en sus manos la sabana y lo descubrió, al hacer esto, su madre gritó fuerte el nombre de César sin saber que era él quién estaba dentro del cuarto, la fiebre se le quitó de manera repentina y salió corriendo hacia el cuarto a buscarlo, cuando llegó, ya César había desaparecido, el pacto fue cumplido, una vida por otra vida, la fiebre y los sudores de doña Abigail eran causados por tener a su lado a la muerte quien estaba esperando a que expirara para cumplir con su pacto, la vida buena tiene su precio, las almas son su pago y su falso sentido de querer vencer a la muerte tapando el espejo, encerrándolo y alejándolo de las demás personas no pudo evitar la muerte de su hijo menor, el espejo maldito ya podía ser destruido.

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