MI CALVARIO, MI LUZ.
Transcurría el
verano del año Dos Mil Dos, época marcada por las grandes transformaciones
sociales, políticas y también tecnológicas ya que desde entonces se preveía que
este siglo sería el de la informática, el de la era de las comunicaciones y
adelantos tecnológicos hechos que actualmente están ocurriendo. Pero este, no
es el tema que nos ocupará el tiempo de lectura, sino la historia de Carmen
González Prado, una joven de dieciséis años de edad, hija única de Carlos
González y de Suyapa Prado, al menos esos son los datos que recuerdo de los
padres de ella. Carmen era una de mis mejores amigas y casi siempre en todas
las actividades recreativas, escolares y deportivas estaba presente participando
activamente, se veía en su rostro, en sus ojos aquella alegría propia de la
juventud, siempre la vi llena de vida al punto de que cuando otro compañero del
grupo estaba triste ella lo contagiaba con su alegría y en el seno del grupo
siempre estábamos dándonos bromas y ella era una de las que más bromas recibía
de mi parte y más cuando me di cuenta que ya tenía novio.
Fueron muchas las
veces que le pedimos a Carmen que nos presentara a su novio y siempre nos dijo
que no era el momento porque no era nada serio lo que tenía con él y nos pidió
que nos calláramos el pico porque no quería que sus padres se dieran cuenta de
que ya tenía novio, nosotros la comprendimos porque sabíamos lo estricto que
eran sus padres, que sin lugar a dudas eran de raíces profundamente
conservadoras, pero, su papá lo era demasiado ya que la controlaba hasta en lo
más mínimo, como no conversar con nadie cuando hacía algún mandado, ni aún con
los amigos que como padres ellos sabían que tenía, esto era una de las cosas
que más nos incomodaba del papá de Carmen y a ella, pues, le incomodaba aún
más. En el mes de Octubre noté un cambio repentino en la forma de ser de
Carmen, inició a sentarse en las últimas sillas; también cambió su vestimenta,
pasó de usar el uniforme ajustado a uno más grande que le quedaba algo flojo,
se amarraba un suéter en las caderas, dejó de participar como lo hacía antes en
las clases, pero lo que más me llamó la atención fue que a veces en las poca
conversaciones que teníamos, ella sin querer lloraba repentinamente y se
limitaba a decir que no se sentía bien y que tenía un problema que sabía que le
traería serias dificultades en sus estudios y en las relaciones con sus padres
quiénes a como ya dije eran bastante estrictos y controladores.
Un viernes,
después de clases, Carmen me pidió que la acompañara hasta su casa ya que no
quería que su novio la siguiera, durante el trayecto, ella dijo que sentía que
el mundo se le venía encima, le pregunté por qué se sentía así a lo que ella me
respondió, estoy embarazada, ya tengo dos meses y mi novio, Byron, no quiere
reconocer que el hijo que espero es de él, eso es lo que más me duele, estaba
súper ilusionada con formar una familia con él a mi lado, creí todas sus
palabras, que estaba dispuesto a todo por mí, que no me preocupara si salía
embarazada que él asumiría la responsabilidad y que no me dejaría sola, cuando
Carmen terminó de contarme lo que estaba pasando con su vida pude notar las lágrimas
rodar por sus mejillas, no supe que decirle en el momento, en mi silencio, ella
me dijo que la disculpará por estarme contando sus cosas, a una cuadra de su
casa nos despedimos.
La siguiente
semana, Carmen no se presentó a clases sino hasta quince días después antes de
iniciar los exámenes, el rostro de Carmen reflejaba una tristeza inmensa, ese
día, durante el receso conversamos María, Carmen y yo, Carmen nos dijo que cada
vez le iba peor en su casa, que su abuela había enfermado y que sus padres la culpaban
a ella por los problemas que ocurrían en su casa y el día que se dieron cuenta
de su embarazó fue el peor día de su vida, no soportaba la situación que estaba
viviendo, desee morir, por mi fe y gracias a la fortaleza que he encontrado en
Dios me tienen de pie, debo luchar y seguir adelante por esta bendición que
crece en mi vientre, María lloró junto a ella y le ofreció su hogar para vivir
por mientras daba a luz. Ese día, Carmen dijo sentir un alivio en su corazón y
en su alma por la comprensión de su amiga, y acordó con María que el fin de
semana se pasaría para la casa de ella ya que aprovecharía el día domingo
cuando sus padres anduvieran en la iglesia para evitar más problemas
familiares.
María, al día
siguiente de haberle ofrecido la casa a Carmen habló con sus padres para que le
permitieran recibir a su amiga, por espacio no se preocupen, ella se quedará en
mi cuarto, los papás de María le dijeron que Carmen sería bienvenida siempre y
cuando se sujetara a las reglas del hogar, María abrazó a sus padres y les dio
un beso por su ayuda y comprensión.
Llegado el día
domingo, Carmen esperó a que se fueran sus padres y su abuela a Misa, hasta ese
momento empacó sus cosas para no levantar sospechas, antes de salir, Carmen
dejó una nota a sus padres, la nota decía lo siguiente: Mamá, papá, abuela, los
quiero mucho, no quiero seguir dándoles problemas, me voy de casa, estaré bien.
Ya Carmen andaba con más de tres meses de embarazo y ya en casa de María se
sentía mejor, los padres de María la trataron como a su propia hija, ya por la
noche de ese primer domingo en casa de María, Carmen le contó en confianza la
principal razón por la que había terminado con Byron, él me pidió que abortara,
eso me dolió mucho porque me dijo que no estaba seguro de que él fuese el papá
de mi hijo, imagínate con qué clase de persona me fui a meter.
Carmen tuvo que
abandonar la escuela para poder estar más tranquila sin el hostigamiento de
Byron, quién continuamente la ofendía y no permitía que sus amigos estuvieran
con ella. Cierto día, cuando regresé de clases, vi dentro de mi casa a los
padres de Carmen, mi papá me pidió que me sentara para conversar con ellos, Don
Carlos y doña Suyapa me dijeron, sé que tú eres amigo de mi hija Carmen,
estamos conscientes que no la tratamos bien y que por esa razón ella decidió
dejar la casa, pero queremos tenerla de regreso en la casa antes de que vaya a
dar a luz y queremos que nos digas donde está ella, con quién está viviendo
para ir a buscarla, mis padres me aconsejaron decir la verdad y rogué a Dios
que Carmen no volviera a tener problemas por mi culpa, así que, les dije que
estaba en casa de María, una compañera de clases. Don Carlos y Doña Suyapa me
agradecieron por haberles dicho el paradero de Carmen, aunque yo no me sentía
bien, sentí que había traicionado la confianza de mis amigas.
Al día siguiente
María me contó que los papás de Carmen habían llegado a su casa, que Carmen se
puso nerviosa pero que Don Carlos y Doña Suyapa lo primero que hicieron fue
abrazarla y pedirle perdón por no haberla tratado como debían, que le habían
prometido apoyarla en todo lo que necesitará de ese momento en adelante,
después de eso Carmen se sintió mucho mejor y que decidió irse con sus padres,
por mi parte tuve que decirle a María que fui yo quien le contó a los padres de
Carmen donde estaba ya que habían ido a buscarme a la casa, María me dijo, lo
sé, Don Carlos nos contó cómo habían dado con la casa de mis padres.
El tiempo
transcurrió y nos dimos cuenta que Carmen dio a luz a una preciosa niña, al día
siguiente decidimos ir a visitar a nuestra amiga Carmen, llegando a su casa,
nos recibió amablemente don Carlos, la verdad nos sorprendió que ya no era el
señor gruñón de antaño, y saben que, estaba chineando a la niña de Carmen,
fuimos al cuarto de ella y ahí estaba Carmen, aliñando pañales de su hija Luz,
sí, ese fue el nombre que decidió para su hija y toda la familia desde la
abuela hasta su padre estaban contentos con el nombre de la niña, Carmen fue
donde su papá para pedirle que le diera la niña y presentárnosla, ya con ella en
brazos nos dijo, producto de mí embarazo viví un calvario, pero ahora ese
calvario se ha convertido en mi Luz, gracias por apoyarme a ti María y a vos
Fernando también, los quiero mucho nos dijo.
Me cautivó desde el inicio, es un recurso para reflexionar.
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